Toma otro vaso de licor,
para hacerme acoradar
de la llaga que llevo en el alma,
y es que en la simpleza de tu acciòn
que se refugian tras excusas
propias de una maldita adicciòn,
se esconde un pedazo de muerte
que atarviesa mi ser de lado a lado.
Dame tu mano llena de amor
que no quiero caer...
en una agonía profunda
de la que no encuentro salida
que no hallo solución.
Estoy en un desierto
atada de pies y manos
en posición de ejecución
rodeada de espadas y machetes.
No quiero llorar
ya no tengo temor,
solo penas, resignaciones
y unas cuantas angustias.
Toma otro vaso de licor
que en la simpleza de tu acción...
esta mi perdiciòn.
Anabela gatani (cba)
miércoles, 21 de enero de 2009
lunes, 12 de enero de 2009
ASERRÍN Y CALESITA
Subir por un camino de café con leche.
Rozar con los dedos las mejillas del sol.
Hacerle cosquillas en la panza del universo hasta sonrojarlo.
Plantar libros.
Crear estrellas de caramelo
y regalártelas un domingo
Soñar que viaja es un globo
con tu bonete de cumpleaños.
Nadar en un mar de chocolate.
Subir a una torre de marfil
para estar más cerca de la luna
y hablar con voz metálica.
Dejarme abrigar por tus brazos de tobogán
y poder soñar con la magia de aserrín y calesita.
Ignacio A. Salde
Córdoba (CÓRDOBA)
Rozar con los dedos las mejillas del sol.
Hacerle cosquillas en la panza del universo hasta sonrojarlo.
Plantar libros.
Crear estrellas de caramelo
y regalártelas un domingo
Soñar que viaja es un globo
con tu bonete de cumpleaños.
Nadar en un mar de chocolate.
Subir a una torre de marfil
para estar más cerca de la luna
y hablar con voz metálica.
Dejarme abrigar por tus brazos de tobogán
y poder soñar con la magia de aserrín y calesita.
Ignacio A. Salde
Córdoba (CÓRDOBA)
domingo, 11 de enero de 2009
VIERNES POR LA TARDE
Era viernes por la tarde cuando Nerena llamó a la puerta. Presuroso busqué las llaves y le abrí. Minutos antes ella me había llamado al celular desde una cabina; imaginé que era ella. Nunca tiene crédito y cuando así lo es, se lo gasta en preguntas y respuestas a algún amante que le conquistó la vida sin que ella se diera cuenta.
Me alegró verla, hacía más de una semana que no sabía nada de ella. Estaba contenta, poco usual en su historial emocional. Cuando abrí la puerta y la hice pasar, sus ojos se llenaron de lágrimas. ¿Qué pasó ahora? Estaba impotente, quería comprarse alguna crema anti- age o de esos delineadores que abundan en las góndolas. No podía creer que por algo así le cambiara tanto su estado anímico. La comprendí. Era mujer, qué más se le podía pedir. Nerena vivía enamorada de sus cosméticos, inclusive recuerdo que en alguna oportunidad cuando salíamos de compras, le pregunté qué la haría feliz ese día, y sin titubear indicó con el dedo, a modo de círculo, una vidriera de ropa de última moda. Bueno, ¿por qué no? si eso la pondría diferente, estaba dispuesto a hacérselo realidad.
Cuando entró, lo primero que me peguntó era si había preparado el mate con galletitas sin sal, eran sus preferidas, a lo que le respondí que sí. Todo estaba preparado en la mesa ratonera del living, listo para sentarse a platicar como solíamos hacerlo todos los viernes por la tarde.
Se sentó y comenzó su discurso de actividades del día anterior. Yo atento la oía, no tenía deseos de intervenir, sólo escuchar la música de sus palabras.
Esa tarde me habló de sus sueños, uno de ellos era ser maestra jardinera, o algo que se le pareciera. Que amaba a los niños como también, desarrollar alguna destreza como aprender a tocar la guitarra; tomar clases de teatro; bailar danzas árabes o salsa. Un popurrí de ideas para concretar. Según ella, todo sería un valioso complemento para su meta primera: ser maestra jardinera. Cuando me expresaba todo esto, sus ojos redondos y expresivo se iluminaban, se esperanzaban. Como si al hacerlo sintiera el alma aliviada, libre como un pájaro, cuando a escondidas, le abres la puerta de la jaula. Incluso, su menudo cuerpecillo, se erguía y su voz se impostaba al modo de un orante dirigiéndose a su público. Me hacía soñar todo lo que decía, porque también algo yo deseaba en silencio.
Eran las cinco de la tarde, a todo esto hacía una hora y media que había llegado. Se le ocurrió que fuéramos al centro a ver las cremas que deseaba comprarse ¡no lo podía creer! otra vez con su manía. Asentí, y fuimos caminando. Estaba linda la tarde, tan linda que no me di cuenta en qué momento habíamos arribado al mundo de la cosmetología. Mientras ella embelesada se perdía entre los artificios de la belleza femenina, yo escribía en el bar de al frente. Quería dejarla tranquila.
Mas tarde, me llegó un mensajito que decía: “Estoy lista, ya podemos irnos”. Me pareció una gran noticia. Pagué el café, y las medialunas que con tanto placer degusté. Con mi notebook a cuestas, me crucé a la cosmetología.
Nerena yacía sentada en el cordón de la vereda. Estaba pensativa. Cuando me vio, me abrazó y me dio un beso ¿de bienvenida? No, mas bien un gesto con mensajes subliminales… Le di la mano, y regresamos a casa. Estaba callada, quién sabría en qué pensando. No habló ni en todo el camino. Ya no sabía de qué hablar. Me dio sed.
Cuando llegamos, me despedí de ella y me agradeció por haberla escuchado, por haberla mimado y consentido en todos sus gustos. Por haber comprendido sus delirios pese a mis posibilidades; por haberle repetido síes toda la tarde, aunque aburrido y cansado de haber caminado algunas cincuenta y tantas cuadras por la ciudad, de vidriera en vidriera, dentro de ropajes estelares y pinturitas mágicas.
No eran sus mejores días, estaba en la transición de su período femenino.
Darío Arístides Molina
"Píndaro"
San Luis (SAN LUIS)
Me alegró verla, hacía más de una semana que no sabía nada de ella. Estaba contenta, poco usual en su historial emocional. Cuando abrí la puerta y la hice pasar, sus ojos se llenaron de lágrimas. ¿Qué pasó ahora? Estaba impotente, quería comprarse alguna crema anti- age o de esos delineadores que abundan en las góndolas. No podía creer que por algo así le cambiara tanto su estado anímico. La comprendí. Era mujer, qué más se le podía pedir. Nerena vivía enamorada de sus cosméticos, inclusive recuerdo que en alguna oportunidad cuando salíamos de compras, le pregunté qué la haría feliz ese día, y sin titubear indicó con el dedo, a modo de círculo, una vidriera de ropa de última moda. Bueno, ¿por qué no? si eso la pondría diferente, estaba dispuesto a hacérselo realidad.
Cuando entró, lo primero que me peguntó era si había preparado el mate con galletitas sin sal, eran sus preferidas, a lo que le respondí que sí. Todo estaba preparado en la mesa ratonera del living, listo para sentarse a platicar como solíamos hacerlo todos los viernes por la tarde.
Se sentó y comenzó su discurso de actividades del día anterior. Yo atento la oía, no tenía deseos de intervenir, sólo escuchar la música de sus palabras.
Esa tarde me habló de sus sueños, uno de ellos era ser maestra jardinera, o algo que se le pareciera. Que amaba a los niños como también, desarrollar alguna destreza como aprender a tocar la guitarra; tomar clases de teatro; bailar danzas árabes o salsa. Un popurrí de ideas para concretar. Según ella, todo sería un valioso complemento para su meta primera: ser maestra jardinera. Cuando me expresaba todo esto, sus ojos redondos y expresivo se iluminaban, se esperanzaban. Como si al hacerlo sintiera el alma aliviada, libre como un pájaro, cuando a escondidas, le abres la puerta de la jaula. Incluso, su menudo cuerpecillo, se erguía y su voz se impostaba al modo de un orante dirigiéndose a su público. Me hacía soñar todo lo que decía, porque también algo yo deseaba en silencio.
Eran las cinco de la tarde, a todo esto hacía una hora y media que había llegado. Se le ocurrió que fuéramos al centro a ver las cremas que deseaba comprarse ¡no lo podía creer! otra vez con su manía. Asentí, y fuimos caminando. Estaba linda la tarde, tan linda que no me di cuenta en qué momento habíamos arribado al mundo de la cosmetología. Mientras ella embelesada se perdía entre los artificios de la belleza femenina, yo escribía en el bar de al frente. Quería dejarla tranquila.
Mas tarde, me llegó un mensajito que decía: “Estoy lista, ya podemos irnos”. Me pareció una gran noticia. Pagué el café, y las medialunas que con tanto placer degusté. Con mi notebook a cuestas, me crucé a la cosmetología.
Nerena yacía sentada en el cordón de la vereda. Estaba pensativa. Cuando me vio, me abrazó y me dio un beso ¿de bienvenida? No, mas bien un gesto con mensajes subliminales… Le di la mano, y regresamos a casa. Estaba callada, quién sabría en qué pensando. No habló ni en todo el camino. Ya no sabía de qué hablar. Me dio sed.
Cuando llegamos, me despedí de ella y me agradeció por haberla escuchado, por haberla mimado y consentido en todos sus gustos. Por haber comprendido sus delirios pese a mis posibilidades; por haberle repetido síes toda la tarde, aunque aburrido y cansado de haber caminado algunas cincuenta y tantas cuadras por la ciudad, de vidriera en vidriera, dentro de ropajes estelares y pinturitas mágicas.
No eran sus mejores días, estaba en la transición de su período femenino.
Darío Arístides Molina
"Píndaro"
San Luis (SAN LUIS)
miércoles, 17 de diciembre de 2008
LOS PAYASOS DEL FUMADOR
1.LOS PAYASOS DEL FUMADOR
Jajaja…pero mirad cuantos carnavalescos arlequines y mórbidos bufones le caben al fumador entre las pelusas de sus sienes, en los botones de sus camisillas y trepando por los dientes de su bragueta clausurada.
En medio de trajines laberínticos de oficina hay un banquillo (de acusados) de plazoleta para pitar y descansar de los grilletes, y en medio del acoso de los jefes homosexuales reprimidos y esposas histéricas hay un arbolito (patibulito) de plazoleta para aflojarse el nudo horca de la corbata al menos por unos minutos.
Jajaja…observad como los payasitos se le cuelgan de las orejas.
Parece que el fumador intenta fumigarse internamente con cada cigarrillo, y exterminar a los hombrecillos trapezoides que lo ridiculizan a diario.
Pero ¿Hay, por suerte, un banquillo de acusados o un patibulito para matarlos con la indiferencia aunque sea un rato? No señor. El fumador jamás matará a sus payasos. Que vaya, que vuelva al periplo de su condena necesaria, que sude sus camisillas viejas, que moje sus braguetas abandonadas, y que se limpie su brillante calva y que se fumigue hasta la muerte, la del payaso mayor, que cuando caiga él caerán todos sus bufones.
Jajaja…que cara de tristeza lleva el payaso mayor mientras fuma solitario. ¿Visteis que todos se ríen de los payasos pero el payaso nunca ríe?
2.BAJO SUS PROPIAS BABAS
Esperar a que el escupitajo se deshaga recién al colisionar contra el suelo es simplemente estúpido.
Ya en la caída, y sobre todo desde esta altura, la saliva se deshace en cientos de gotitas que, por suerte, son del tamaño de los transeúntes.
Una gotita para cada cabeza, y después dicen que no soy equitativo.
Igual no saben que lo que les moja es saliva; piensan que es lluvia, y nostalgian, componen canciones y hacen el amor inspirados por escupitajos.
La verdad es que la lluvia, en las grandes ciudades al menos (no puedo saberlo todo), no cae de las nubes sino de los edificios y es hasta bíblico el vaticinio de que grandes ciudades como New York, por ejemplo, queden sepultadas bajo las aguas, o bajo sus propias babas.
Ahí va otro salivazo. Le cae en la cabeza al señor gordo de bigotito francés que expone las palmas de sus manos hacia el cielo.
Él no me ve. No entiende una gota fría en una mañana calurosa y soleada. Trata de unir algunas nubes débiles pero le son insuficientes. Culpa al calentamiento global un suceso extraordinario como gotas de lluvia cayendo de un cielo tan limpio y celeste. Rascándose donde fue salpicado va pensando en el suceso. Se lo comentará con curiosidad a sus amigos. Se preocuparán y asombrarán.
“No se preocupe monsieur que sólo lo escupí para divertirme”.
Debo confesar que más de una vez sentí ráfagas frías en siestas infernales o gotitas en la cara en días despejados pero me gusta creer que son las consecuencias de haber, alguna vez, resoplado con fuerza o haber escupido, tontamente, para arriba.
3.JUNK
El sofá es nave especial.
Cañerías del cuerpo rotas.
Mi memoria se proyecta en la TV y hace zapping.
Control remoto de recuerdos remotos.
Ch1- Madre.
Ch2- Mi cara color rojo.
Ch3- Estática.
Ch4- Tórtolas Jugando en la tierra.
Ch5- Amores míos de algún verano.
Ch6- Duendecillos de parsec que formo con las manos.
Ch7- Ocasos reflejados en los ojos de Preciosa.
Ch8- “Nunca voy a dejarte” dicen unos labios rojos por el calor.
Ch9- Agujas.
Hay un abismo bajo los muebles que levitan y levita el tiempo en cada glóbulo rojo.
Minutos que van y vienen sin ninguna dirección.
Entra Preciosa dejando un sendero volátil de tubitos de plástico (son jeringas) y aparecen y desaparecen las baldosas frías bajo sus pies dormidos.
Ch15- Preciosa y yo de niños. Todo se detiene es ese recuerdo. Es un film de varias perspectivas de cuando jugábamos a escondernos de la siesta en la siesta compartiendo apretados, casi hermafroditas, hasta las sombras más delgadas.
Preciosa era regordeta y sus mofletes henchidos me invitaron a besarla por primera vez aquella siesta.
Al saltar juntos en cámara lenta se tornaban irresistibles sus incipientes bultos que obligaban de a poco al hambre de besarlos, de morderlos. Nunca me dijo que no. Siempre hice lo que quise. Siempre hizo lo que quise.
Ch16- Una flor de colores vivos.
Preciosa se mueve lenta y se sienta a la mesa.
Ch20, recall y 1 de nuevo-Veo nuestro cuadro presente en la pantalla. El volumen no puede bajarse y está al máximo, aplasta a todo otro sonido gritando como miles de granizos destrozándose en la chapa. Me muestra como Preciosa a mis espaldas se desploma rígida y aparece el suelo para sujetarla haciendo en el choque un sonido metálico de aguja, ella flaca, fría y gris como aguja (iría a levantarla pero temo que el suelo desaparezca de nuevo y caiga al abismo).
El televisor se apaga y es como cerrar los ojos. No se ve nada más que un puntito blanco en el medio del vacío.
No existe nada más ahora.
Quiero gritar el nombre de Preciosa pero no hay voz que salga ni labios que se muevan.
Sufrimos una desconexión de todo, de quedarnos en Stand By hasta despertar haciendo el sonido implosivo de la televisión al encenderse y ver qué de nuevo nos muestra la pantalla.
4.EL OTRO DUERME
“He visto que las cosas
cuando buscan su curso
encuentran su vacío”
(Lorca)
Se sienta frente al espejo que encarceló con focos de 40 y no es vedette de la calle Corrientes ni mucho menos diva de Brodway.
El otro duerme.
Delinea sus finas pestañas y espía como tic nervioso al cuerpo que respira entre las sábanas color verde manzana, es el otro que duerme.
A veces ha de pensar que cada trazo en su cara ruda pero femenina es un camino hecho de noches marcado mil veces por sus zapatos de plataforma. Recuerda no haber tenido es esas noches o caminos ni siquiera un espejo, sólo el reflejo invertido y tembloroso que le devolvían los charcos, reflejo exacto, devolución perfecta de su cara como en flashes tiritantes porque hasta su miedo constante se reflejaba.
En casa ya no hay miedos.
Las paredes son como un abrazo.
El hombre que respira entre las sábanas de manzana es un amuleto contra soledad.
El hombre duerme.
Delinea también sus labios. Los compara con la letra M, M de Mujer, M de Miedo, M de Mascara. El miedo es una tinta incolora que se tatúa en el alma, una lágrima que no cesa.
Piensa lo vano de las paredes. Cubre con fuerza sus labios de bermellón. Cubre su cara para disfrazarse pero no hay forma de esconderse del miedo.
El hombre ronca. No quiere que duerma, quiere que cumpla su papel de protector aunque lo sepa igual de frágil, igual eso no importa.
Se tira con bronca a su lado y lo despierta. El hombre ve unos ojos de invierno brillar entre rojos y grises y verdes. Seca sus lágrimas sin género. El llanto no tiene género. Cierra con los dedos unos ojos agotados y los entrega al sueño.
Ahora es el otro quien se levanta. Se sienta frente al espejo y, aunque no sea diva de Brodway, delinea delicadamente sus ojos. Mira el cuerpo desnudo que respira entre las sábanas verdes y sonríe. El otro duerme.
5.EVOLUTIONEM
En el norte
nació un ser tecnohermafrodita
con puertos de USB en la frente
y censores en vez de manos
y ojos de pantalla plana.
Más al sur nació otro
con filo de machetes en los brazos
un estomago minúsculo,
piel contra todo riesgo
y directamente sin ojos y sin sexo.
Los que están en el centro
miran desconcertados
la evolución del hombre.
FERNANDO ACOSTA (FORMOSA)
Jajaja…pero mirad cuantos carnavalescos arlequines y mórbidos bufones le caben al fumador entre las pelusas de sus sienes, en los botones de sus camisillas y trepando por los dientes de su bragueta clausurada.
En medio de trajines laberínticos de oficina hay un banquillo (de acusados) de plazoleta para pitar y descansar de los grilletes, y en medio del acoso de los jefes homosexuales reprimidos y esposas histéricas hay un arbolito (patibulito) de plazoleta para aflojarse el nudo horca de la corbata al menos por unos minutos.
Jajaja…observad como los payasitos se le cuelgan de las orejas.
Parece que el fumador intenta fumigarse internamente con cada cigarrillo, y exterminar a los hombrecillos trapezoides que lo ridiculizan a diario.
Pero ¿Hay, por suerte, un banquillo de acusados o un patibulito para matarlos con la indiferencia aunque sea un rato? No señor. El fumador jamás matará a sus payasos. Que vaya, que vuelva al periplo de su condena necesaria, que sude sus camisillas viejas, que moje sus braguetas abandonadas, y que se limpie su brillante calva y que se fumigue hasta la muerte, la del payaso mayor, que cuando caiga él caerán todos sus bufones.
Jajaja…que cara de tristeza lleva el payaso mayor mientras fuma solitario. ¿Visteis que todos se ríen de los payasos pero el payaso nunca ríe?
2.BAJO SUS PROPIAS BABAS
Esperar a que el escupitajo se deshaga recién al colisionar contra el suelo es simplemente estúpido.
Ya en la caída, y sobre todo desde esta altura, la saliva se deshace en cientos de gotitas que, por suerte, son del tamaño de los transeúntes.
Una gotita para cada cabeza, y después dicen que no soy equitativo.
Igual no saben que lo que les moja es saliva; piensan que es lluvia, y nostalgian, componen canciones y hacen el amor inspirados por escupitajos.
La verdad es que la lluvia, en las grandes ciudades al menos (no puedo saberlo todo), no cae de las nubes sino de los edificios y es hasta bíblico el vaticinio de que grandes ciudades como New York, por ejemplo, queden sepultadas bajo las aguas, o bajo sus propias babas.
Ahí va otro salivazo. Le cae en la cabeza al señor gordo de bigotito francés que expone las palmas de sus manos hacia el cielo.
Él no me ve. No entiende una gota fría en una mañana calurosa y soleada. Trata de unir algunas nubes débiles pero le son insuficientes. Culpa al calentamiento global un suceso extraordinario como gotas de lluvia cayendo de un cielo tan limpio y celeste. Rascándose donde fue salpicado va pensando en el suceso. Se lo comentará con curiosidad a sus amigos. Se preocuparán y asombrarán.
“No se preocupe monsieur que sólo lo escupí para divertirme”.
Debo confesar que más de una vez sentí ráfagas frías en siestas infernales o gotitas en la cara en días despejados pero me gusta creer que son las consecuencias de haber, alguna vez, resoplado con fuerza o haber escupido, tontamente, para arriba.
3.JUNK
El sofá es nave especial.
Cañerías del cuerpo rotas.
Mi memoria se proyecta en la TV y hace zapping.
Control remoto de recuerdos remotos.
Ch1- Madre.
Ch2- Mi cara color rojo.
Ch3- Estática.
Ch4- Tórtolas Jugando en la tierra.
Ch5- Amores míos de algún verano.
Ch6- Duendecillos de parsec que formo con las manos.
Ch7- Ocasos reflejados en los ojos de Preciosa.
Ch8- “Nunca voy a dejarte” dicen unos labios rojos por el calor.
Ch9- Agujas.
Hay un abismo bajo los muebles que levitan y levita el tiempo en cada glóbulo rojo.
Minutos que van y vienen sin ninguna dirección.
Entra Preciosa dejando un sendero volátil de tubitos de plástico (son jeringas) y aparecen y desaparecen las baldosas frías bajo sus pies dormidos.
Ch15- Preciosa y yo de niños. Todo se detiene es ese recuerdo. Es un film de varias perspectivas de cuando jugábamos a escondernos de la siesta en la siesta compartiendo apretados, casi hermafroditas, hasta las sombras más delgadas.
Preciosa era regordeta y sus mofletes henchidos me invitaron a besarla por primera vez aquella siesta.
Al saltar juntos en cámara lenta se tornaban irresistibles sus incipientes bultos que obligaban de a poco al hambre de besarlos, de morderlos. Nunca me dijo que no. Siempre hice lo que quise. Siempre hizo lo que quise.
Ch16- Una flor de colores vivos.
Preciosa se mueve lenta y se sienta a la mesa.
Ch20, recall y 1 de nuevo-Veo nuestro cuadro presente en la pantalla. El volumen no puede bajarse y está al máximo, aplasta a todo otro sonido gritando como miles de granizos destrozándose en la chapa. Me muestra como Preciosa a mis espaldas se desploma rígida y aparece el suelo para sujetarla haciendo en el choque un sonido metálico de aguja, ella flaca, fría y gris como aguja (iría a levantarla pero temo que el suelo desaparezca de nuevo y caiga al abismo).
El televisor se apaga y es como cerrar los ojos. No se ve nada más que un puntito blanco en el medio del vacío.
No existe nada más ahora.
Quiero gritar el nombre de Preciosa pero no hay voz que salga ni labios que se muevan.
Sufrimos una desconexión de todo, de quedarnos en Stand By hasta despertar haciendo el sonido implosivo de la televisión al encenderse y ver qué de nuevo nos muestra la pantalla.
4.EL OTRO DUERME
“He visto que las cosas
cuando buscan su curso
encuentran su vacío”
(Lorca)
Se sienta frente al espejo que encarceló con focos de 40 y no es vedette de la calle Corrientes ni mucho menos diva de Brodway.
El otro duerme.
Delinea sus finas pestañas y espía como tic nervioso al cuerpo que respira entre las sábanas color verde manzana, es el otro que duerme.
A veces ha de pensar que cada trazo en su cara ruda pero femenina es un camino hecho de noches marcado mil veces por sus zapatos de plataforma. Recuerda no haber tenido es esas noches o caminos ni siquiera un espejo, sólo el reflejo invertido y tembloroso que le devolvían los charcos, reflejo exacto, devolución perfecta de su cara como en flashes tiritantes porque hasta su miedo constante se reflejaba.
En casa ya no hay miedos.
Las paredes son como un abrazo.
El hombre que respira entre las sábanas de manzana es un amuleto contra soledad.
El hombre duerme.
Delinea también sus labios. Los compara con la letra M, M de Mujer, M de Miedo, M de Mascara. El miedo es una tinta incolora que se tatúa en el alma, una lágrima que no cesa.
Piensa lo vano de las paredes. Cubre con fuerza sus labios de bermellón. Cubre su cara para disfrazarse pero no hay forma de esconderse del miedo.
El hombre ronca. No quiere que duerma, quiere que cumpla su papel de protector aunque lo sepa igual de frágil, igual eso no importa.
Se tira con bronca a su lado y lo despierta. El hombre ve unos ojos de invierno brillar entre rojos y grises y verdes. Seca sus lágrimas sin género. El llanto no tiene género. Cierra con los dedos unos ojos agotados y los entrega al sueño.
Ahora es el otro quien se levanta. Se sienta frente al espejo y, aunque no sea diva de Brodway, delinea delicadamente sus ojos. Mira el cuerpo desnudo que respira entre las sábanas verdes y sonríe. El otro duerme.
5.EVOLUTIONEM
En el norte
nació un ser tecnohermafrodita
con puertos de USB en la frente
y censores en vez de manos
y ojos de pantalla plana.
Más al sur nació otro
con filo de machetes en los brazos
un estomago minúsculo,
piel contra todo riesgo
y directamente sin ojos y sin sexo.
Los que están en el centro
miran desconcertados
la evolución del hombre.
FERNANDO ACOSTA (FORMOSA)
martes, 11 de noviembre de 2008
Haikus y Tankas (si acaso exista el plural). Nicolás Gómez
VÓRTICE
Es mi memoria:
todo aquello en silencio
que no recuerdo.
ORFANDAD
Si estás conmigo
soy soledad desierta
que no está sola.
CARDINAL
En esta orilla
el río corre a mi izquierda
¿o a mi derecha?
ALAS Y ALETAS
Levita el ave,
el pez en la mar flota
¿nadan o vuelan?
DEPENDENCIA
La sombra espera
el llegar de la luz
para ser sombra.
INTROSPECCIÓN
Sacrificamos
a Cristo en el madero.
Unos lloraron.
Los observé en silencio
desde arriba en mi cruz.
ASTROS MAYORES
Un día el sol
logró brillar de noche.
Desde ese entonces
brilla de día la luna
tratando de vengarse.
RÉPLICA
Que habrá detrás
de una imagen de espejo.
Quizá la esencia
de todo lo que no es
reflejo en este lado.
CONTINUUM
El mar es rostro
reflejado del cielo.
o el cielo acaso
sea rostro que contiene
las aguas de la mar.
LITERATOS
Juegan los números
a escribir esa torpe
literatura
tan perfecta, llamada
"las matemáticas".
NICOLÁS GÓMEZ (Formosa)
Grupo Literario ALQUÍMICO
Es mi memoria:
todo aquello en silencio
que no recuerdo.
ORFANDAD
Si estás conmigo
soy soledad desierta
que no está sola.
CARDINAL
En esta orilla
el río corre a mi izquierda
¿o a mi derecha?
ALAS Y ALETAS
Levita el ave,
el pez en la mar flota
¿nadan o vuelan?
DEPENDENCIA
La sombra espera
el llegar de la luz
para ser sombra.
INTROSPECCIÓN
Sacrificamos
a Cristo en el madero.
Unos lloraron.
Los observé en silencio
desde arriba en mi cruz.
ASTROS MAYORES
Un día el sol
logró brillar de noche.
Desde ese entonces
brilla de día la luna
tratando de vengarse.
RÉPLICA
Que habrá detrás
de una imagen de espejo.
Quizá la esencia
de todo lo que no es
reflejo en este lado.
CONTINUUM
El mar es rostro
reflejado del cielo.
o el cielo acaso
sea rostro que contiene
las aguas de la mar.
LITERATOS
Juegan los números
a escribir esa torpe
literatura
tan perfecta, llamada
"las matemáticas".
NICOLÁS GÓMEZ (Formosa)
Grupo Literario ALQUÍMICO
lunes, 10 de noviembre de 2008
Secretos y culpas
Un secreto compartido
Nos ha de unir,
Tú aquí conmigo
Y el esperando allí.
Vuelve tú a su lado
Y oculta cada señal de mí
Haz como si nada ha pasado,
Pronto nos encontraremos aquí.
Pinta tus labios de nuevo
Que no sospeche de ti,
Que tu ropa tiene parte…
De la noche y de mí.
Acomoda tu pelo…
Y dame un beso al partir.
Que nadie ocupa este lecho,
Revuelto de secretos y culpas…
Y de una que otra lagrima
Que suele surgir.
La noche tiene rincones,
Seguro, sin que nadie sepa…
Nos encontraremos allí.
Bordón Luis Javier.
Villa Castelli, La Rioja
Nos ha de unir,
Tú aquí conmigo
Y el esperando allí.
Vuelve tú a su lado
Y oculta cada señal de mí
Haz como si nada ha pasado,
Pronto nos encontraremos aquí.
Pinta tus labios de nuevo
Que no sospeche de ti,
Que tu ropa tiene parte…
De la noche y de mí.
Acomoda tu pelo…
Y dame un beso al partir.
Que nadie ocupa este lecho,
Revuelto de secretos y culpas…
Y de una que otra lagrima
Que suele surgir.
La noche tiene rincones,
Seguro, sin que nadie sepa…
Nos encontraremos allí.
Bordón Luis Javier.
Villa Castelli, La Rioja
sábado, 8 de noviembre de 2008
Poemas de Jorge M. Aponte
ENSEÑADO
Las deambulantes estrofas llevan luz,
yo las sigo furtivo, desde lejos.
Van asustando
con sus antiguos sustos,
embriagadas, mal vestidas,
por sus miedos mas infantes.
La encabeza un alma niña
que en sus pequeñas manos
cuida un candil de lánguida luz,
de pálido verso
de rápido eco, de pelos mojados.
Tengo miedo
de andar solo en esta noche,
y aunque a ellos quiero unirme
temo acercarme a esa grey
a sus ojos lagrimosos, que pesan en mi pasado
¿si se burlan?, ¿si me gritan?, ¿si me hieren?
¿si rechazan mi estatura?,
¿si no puedo caminar junto a sus pasos pequeños?
¿si éstas mis largas piernas le recuerdan sus heridas?
¿si me odian?
Son muchos y yo viejo.
Se me alambra el corazón,
pero es tarde por el frío
que ennegrece la blancura,
de mi traje.
Me atraganta un gran silencio
hacen ruido mis arrugas
con el viento
las sostengo con soberbia,
con desprecio hacia la luna
y en mi estómago de agua;
llevo truenos,
frente a mis ojos gastados,
traigo vidrios,
en mi garganta de trapo,
suenan huellas maltratantes.
en mi memoria salada,
unos lozanos fantasmas
que fui ayer.
Sobre mis brazos,
raíces de sangre añeja y sucia
por la impaciencia del humo.
El pilar de mis espaldas cruje amarillo, desconsolado,
cuando un pequeño me alcanza
y abre mi pecho gigante.
Mientras sangro,
me traspasa la verdad, que es del ayer;
sin mi permiso no hablaban,
ahora
hablan cuando quieren.
ETARIO
“Por la mañana, que nos depara
la ilusión de un principio...”
Jorge L. Borges.
Como he caído
caeré después y siempre
bajo la luz oscura y transparente
del tiempo todopoderoso y antiguo
y todavía por venir al mismo tiempo.
Tal vez me baste la felicidad de mi tristeza
para buscar la dicha
en los días desconocidos que me quedan,
no entre las horas disueltas de mi ayer
no en los años en que he sido otro
o numerosos otros que hoy ya no soy
y que nunca más seré.
Existe un dolor misterioso al que ya no temo
cuando me dejo atrapar por la furia
del dogma atroz de plazos artificiales
que van juzgando mis pasos
que me miden de punta a punta
cada tanto.
Aunque de a ratos renuncie al descanso
encuentro al pasado que se dilata veloz
y en lo que fue
y es ahora para siempre
se erige el anuncio verdadero y cierto de la muerte.
Ya decido mi lugar
no en la palabra tiempo
sólo en la trama imprecisa y vital del sacrificio,
para lograr lo que espero y sé querer
por lo que me muero
hasta en mis sueños...
Jorge Manuel Aponte
Grupo literario ALQUÍMICO (Formosa)
Las deambulantes estrofas llevan luz,
yo las sigo furtivo, desde lejos.
Van asustando
con sus antiguos sustos,
embriagadas, mal vestidas,
por sus miedos mas infantes.
La encabeza un alma niña
que en sus pequeñas manos
cuida un candil de lánguida luz,
de pálido verso
de rápido eco, de pelos mojados.
Tengo miedo
de andar solo en esta noche,
y aunque a ellos quiero unirme
temo acercarme a esa grey
a sus ojos lagrimosos, que pesan en mi pasado
¿si se burlan?, ¿si me gritan?, ¿si me hieren?
¿si rechazan mi estatura?,
¿si no puedo caminar junto a sus pasos pequeños?
¿si éstas mis largas piernas le recuerdan sus heridas?
¿si me odian?
Son muchos y yo viejo.
Se me alambra el corazón,
pero es tarde por el frío
que ennegrece la blancura,
de mi traje.
Me atraganta un gran silencio
hacen ruido mis arrugas
con el viento
las sostengo con soberbia,
con desprecio hacia la luna
y en mi estómago de agua;
llevo truenos,
frente a mis ojos gastados,
traigo vidrios,
en mi garganta de trapo,
suenan huellas maltratantes.
en mi memoria salada,
unos lozanos fantasmas
que fui ayer.
Sobre mis brazos,
raíces de sangre añeja y sucia
por la impaciencia del humo.
El pilar de mis espaldas cruje amarillo, desconsolado,
cuando un pequeño me alcanza
y abre mi pecho gigante.
Mientras sangro,
me traspasa la verdad, que es del ayer;
sin mi permiso no hablaban,
ahora
hablan cuando quieren.
ETARIO
“Por la mañana, que nos depara
la ilusión de un principio...”
Jorge L. Borges.
Como he caído
caeré después y siempre
bajo la luz oscura y transparente
del tiempo todopoderoso y antiguo
y todavía por venir al mismo tiempo.
Tal vez me baste la felicidad de mi tristeza
para buscar la dicha
en los días desconocidos que me quedan,
no entre las horas disueltas de mi ayer
no en los años en que he sido otro
o numerosos otros que hoy ya no soy
y que nunca más seré.
Existe un dolor misterioso al que ya no temo
cuando me dejo atrapar por la furia
del dogma atroz de plazos artificiales
que van juzgando mis pasos
que me miden de punta a punta
cada tanto.
Aunque de a ratos renuncie al descanso
encuentro al pasado que se dilata veloz
y en lo que fue
y es ahora para siempre
se erige el anuncio verdadero y cierto de la muerte.
Ya decido mi lugar
no en la palabra tiempo
sólo en la trama imprecisa y vital del sacrificio,
para lograr lo que espero y sé querer
por lo que me muero
hasta en mis sueños...
Jorge Manuel Aponte
Grupo literario ALQUÍMICO (Formosa)
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